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El debate sobre las pensiones y la previsión en Chile es uno de los más urgentes y necesarios. Todas las ideas y posturas tienen importancia; sin embargo, nada ayuda más a guiarnos por este complejo paisaje que las frías cifras y los datos duros.

Según la Superintendencia de Pensiones (SP), entre enero y junio de 2018 se pensionaron por vejez más de 60 mil personas (aproximadamente 34 mil mujeres y 26 mil hombres), de las cuales solo 12 mil cotizaron más de 30 años, es decir, el 80% de quienes se pensionaron durante el semestre pasado en Chile no contribuyó para una pensión completa (usando la definición de la OIT de 30 años de cotizaciones), y ahí radica el principal problema de las pensiones en Chile: queremos recibir pensiones sin contribuir para ellas.

El sistema antiguo consideraba un mínimo de 20 años de cotizaciones para recibir pensión, y el actual, la misma cantidad de años para optar a una pensión garantizada. La diferencia es que en el sistema antiguo quien no cumplía el requisito perdía todo su ahorro, y en el actual lo recibe en pagos mensuales. De los que se pensionaron en 2018, el 60% cotizó menos de 20 años para su pensión, por lo que de haber seguido en el sistema antiguo, más de 36 mil personas no recibirían pensión y habrían perdido todos sus ahorros.

Según los mismos datos de la SP, los hombres que cotizaron más de 30 años recibieron una pensión promedio cercana a los $525 mil. No debemos olvidar que el sueldo imponible promedio de los cotizantes a junio pasado era de $823 mil. Las pensionadas que cotizaron más de 30 años recibieron una pensión promedio de $344 mil y en junio la renta cotizada promedio de las mujeres fue de $718 mil. Esta abismante diferencia ante igual período de cotización se explica por la pensión más temprana de la mujer, amplificada por una mayor expectativa de vida (cinco años más), lo que se traduce en que las mujeres deben financiar 10 años más de pensión que los hombres (desde los 60 a los 90 años versus los 65 a los 85 de los hombres), es decir, su período de pensión es 50% más largo.

Si se igualara la edad de retiro a 65 años, la pensión de la mujer crecería más de 40%, por lo que si suponemos que las mujeres se pensionaron a la edad legal de 60 años, el hecho de igualar la edad a la de los hombres significaría que la pensión promedio habría sido superior a $480 mil, que es el 67% del sueldo promedio de las mujeres que cotizaron en junio de 2018 (no es exactamente la tasa de reemplazo, pero es un buen indicador). Esta sería la realidad de las mujeres hoy si se hubiese aplicado la recomendación de la Comisión Marcel de 2006.

La tasa de cotización promedio en los países de la OCDE (que siempre queremos usar como referencia) es de 19%, pero en Chile seguimos aportando solo un 10% al fondo (en el sistema antiguo la tasa era superior al 20%). Al parecer hoy existe acuerdo en subir la tasa de cotización al menos al 14% (siempre que ese aumento sea de cargo del empleador), pero eso no es suficiente para las futuras generaciones. Si nos hemos demorado 35 años en aumentar la tasa de cotización, no podemos esperar 35 más para llegar a los niveles promedio de hoy de la OCDE.

Necesitamos como país no perder el tiempo, que no nos sobra, en un proyecto que termine sin hacerse cargo, en forma seria y profunda, de los temas mencionados en orden de prioridad: regularidad y constancia en las cotizaciones, aumento en la edad de jubilación y mayor tasa de cotización. Sin abordar estas tres variables no se solucionará el problema de las pensiones futuras y solo se produciría mayor frustración al enfrentar la realidad habiendo creído que estaba solucionado. El problema se traducirá en una enorme carga fiscal, ya que si solo el 20% de las personas cotizan regularmente, el Estado tendrá que hacerse cargo del 80% restante, imponiendo así una carga tributaria imposible de soportar para nuestros hijos y nietos.

Nuestro país necesita una solución de largo plazo, entendida como un avance para mejorar en forma definitiva las pensiones actuales y por sobre todo las futuras con una mirada realista e informada, sin eufemismos ni romanticismo respecto de lo que fue el antiguo sistema de reparto.

Esta solución requiere coraje político del Gobierno para presentarla y del Congreso para aprobarla.

Creemos que trabajando en equipo y discutiendo las mejores propuestas, en base a cifras efectivas, es posible corregir lo que falta sin construir sobre ilusiones, sino sobre la realidad. Es el futuro de todos el que está en juego. No podemos ni debemos restarnos de este debate urgente.

Cristián Rodríguez
Presidente de Habitat

*La fotografía usada en esta nota fue producida por el diario El Pulso.

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