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En el siguiente documento explicaremos los sistema de pensiones en el mundo y los factores que tienen en común con el sistema previsional chileno, tanto en sus aspectos positivos como también en aquellas dimensiones que se deben mejorar a través de una necesaria reforma previsional.

España, México, Brasil, Uruguay, Polonia, Perú, Colombia, Francia entre otros países están discutiendo actualmente reformas previsionales con diferentes grados de profundidad dado que, o bien están sometidos a fuertes presiones sociales por bajas pensiones, o bien sus finanzas fiscales están comprometidas debido a la alta carga financiera que implica la mayor longevidad de la población.

En el caso de Francia, la reforma en discusión prevé fusionar los 42 regímenes de pensiones existentes en un sistema único y atrasar dos años la edad de jubilación (de 62 a 64 años) y así poder garantizar la existencia de recursos para el pago de pensiones.

 

Por otra parte, casos como el de Colombia, donde conviven un sistema de capitalización individual con un sistema público de reparto, mantiene una alta ineficiencia en la distribución de los beneficios del sistema público, en desmedro de los sectores más vulnerables, generando así, una alta inequidad social y una alta presión fiscal. Es por esto que el gobierno se está viendo en la obligación de plantear una reforma previsional para potenciar el sistema privado por sobre el público.

En este grupo de países hay sistemas previsionales de reparto, como son España, Francia o Brasil y casos con un componente importante de capitalización individual, como son Perú, Colombia o México. En el caso de Perú y Colombia, cuentan además con un pilar de reparto paralelo al de capitalización individual.

A la luz de los hechos, el problema de las pensiones hoy es transversal a los diferentes tipos de sistemas previsionales y existe amplio consenso en que la sostenibilidad de cualquier sistema dependerá de la capacidad de las economías de los países para generar el ahorro necesario de largo plazo para financiar las pensiones, donde la principal fuente de ingresos será el aporte de los propios trabajadores a través de sus cotizaciones (tanto si van a una cuenta de ahorro individual como si van directamente al estado para pagar pensiones).

 

El diseño de cualquier sistema previsional debe considerar la realidad demográfica, económica, social y cultural de cada país, contemplando variables como el envejecimiento de la población, las características de su mercado laboral, la capacidad de ahorro de los trabajadores en el tiempo y las diferencias de género (demográfica y laboral).

Si revisamos los sistemas de pensiones en países OCDE, nos encontramos con que Los Países Bajos, Dinamarca y Australia lideran el ranking de mejores sistemas al ofrecer un mayor nivel de seguridad financiera durante la jubilación. Esto, de acuerdo al último Índice de Pensiones Mundiales de Melbourne Mercer, publicado en octubre de 2019.

Los sistemas previsionales de Dinamarca y Australia, al igual que Chile (10° del ranking), están basados en un pilar básico solidario financiado principalmente por impuestos generales que permite dar un mínimo de seguridad a los sectores más vulnerables.

 

Esos países, también al igual que Chile, tienen un pilar contributivo obligatorio de administración privada con cuentas individuales y un pilar voluntario que permite complementar el ahorro para la pensión (equivalente al APV chileno).

Teniendo una estructura similar, lo que explica el mejor ranking de Dinamarca y Australia es que esos países tienen un mercado laboral bastante más formal, por lo tanto, las lagunas previsionales son menores. Por otra parte, en esas naciones el Estado aporta muchos más recursos al pilar básico como % del Producto Interno Bruto (PIB) o del gasto social, sin contar que las edades de jubilación son superiores a la de Chile y que la tasa de ahorro de los trabajadores en el pilar contributivo es mayor a la chilena.

Mientras el Estado danés destina anualmente un 8,1% del PIB para financiar pensiones, el Estado chileno sólo aporta el 2,9% de su PIB. De esta última cifra sólo un 0,85% del PIB de Chile corresponde al pilar solidario, el resto es el aporte que realiza el Estado chileno a DIPRECA y CAPREDENA, entre otros*.

En cuanto a la cotización obligatoria, Dinamarca se encuentra entre un 12% y 18%; en Holanda, en tanto, es del 25,6%, lo que contrasta con el 10% que tenemos en Chile. Si miramos la edad actual de jubilación de Dinamarca y Holanda, ésta es igual entre hombres y mujeres (65 y 66 años respectivamente), mientras que en Chile es de 60 años para mujeres y 65 años para hombres. Sin embargo, tanto Dinamarca como Holanda han establecido un aumento de jubilación gradual para sus trabajadores. Por ejemplo, en ambos países las personas de 22 años que ingresaron al mercado laboral en 2018, jubilarán a los 74 años en Dinamarca y a los 71 en Holanda. Esta última es una buena medida para ir aumentando la edad de jubilación de la mano con el aumento constante en la expectativa de vida de
la población.

Si algo tienen en común los sistemas de pensiones analizados por Mercer es que muchos de ellos se encuentran bajo presión social, política y económica, como también al inevitable envejecimiento de la población. Bien es sabido que el caso chileno también ha estado sometido a presiones sociales y políticas, sin embargo, el informe Mercer no recomienda un cambio estructural al sistema previsional chileno, sino que, dado que la arquitectura del sistema es prácticamente la misma que la de los sistemas mejor rankeados, su recomendación se enfoca en adaptar los parámetros del sistema a la realidad demográfica y del mercado laboral.

No sólo compartimos estas recomendaciones, sino que creemos que los esfuerzos de una reforma que busca mejorar las pensiones deben estar puestos principalmente en diseñar soluciones para aumentar la tasa de cotización, disminuir las lagunas previsionales y establecer fórmulas para retrasar la edad de retiro para hacerse cargo del aumento de la longevidad de la población.

Notas:
*El aumento del pilar solidario aprobado en diciembre 2019, llevaría en régimen a un aporte equivalente hoy de
1,37% del PIB para el Pilar Solidario.

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